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07 junio 2012

CAPFRE

Trabajar en el sector Seguros no es tan aburrido como la ingrata fama que se ha forjado tan noble ocupación da a entender. Yo, sin ir más lejos, ofrecí mi vida en el ara del riesgo y ¡heme aquí!, más que realizado y con un conocimiento profundo del género humano, aunque… bien es cierto, y ante ustedes confieso, que tuve la suerte de ver nacer a una de las más grandes compañías del país desde los cimientos, dando forma desde el comienzo a una idea fundacional renovadora, que se haría con un nicho de mercado por completo sin explotar hasta el momento… y hasta que la desgracia nos alcanzó; Nosotros éramos Capfre: Corporación de Asamblea de Propietarios de Felicidad, Realidades y Ensueños, S. A. Sí, asegurábamos sus esperanzas más valiosas frente a imprevistos de diversa naturaleza.
¿Cómo? Sí, claro, todo. No, las quimeras no: son un riesgo excluido de norma de contratación, creo, en todas las compañías –quizá el Consorcio las cubra, no sé…-. Yo era técnico del ramo Felicidad y no sólo era un trabajo muy gratificante, sino que además era una especialidad que estaba experimentando, en aquellos momentos, una consolidación más que notable. El Estado de bienestar, el crecimiento económico… ¡qué sé yo!, pero la gente atesoraba Felicidad a espuertas e invertía con cuidado para salvaguardarla. Teníamos al principio la póliza Familia, la póliza Estabilidad, la póliza Perspectiva y Futuro y, después, diseñamos el condicionado de la Autorrealización y la póliza Ego no tardó en llegar –había que adaptarse a las necesidades del mercado-.
¡Por supuesto que era rentable! Es, en definitiva, un negocio muy lucrativo; Tengan en cuenta que la redacción del condicionado general es de particular relevancia y las exclusiones de cobertura se miran al detalle… En pólizas todo riesgo, para que se hagan una idea, el hurto no estaba cubierto, así que si el asegurado notificaba que otro hombre le había robado a su esposa, por ejemplo… ¡zas!, el perito solía dictaminar hastío sostenido y, por tanto, hurto doloso del amante, ¡y caso resuelto! En fin… tecnicismos complicados éstos con los que no voy a aburrirlos, ya que están siendo tan amables de escucharme.
La cuestión es que todo nos iba estupendamente, pero aquel jueves negro… aquel jueves todo cambió. El departamento de Realidades recibió notificación de siniestro de un asegurado: por lo visto, el señor había contratado una póliza de Responsabilidad Viril y declaraba haber sido víctima, no de hurto, sino de robo con violencia manifiesta con daños a terceros; había presentado atestado policial, incluso. El documento detallaba que la noche de autos el asegurado se encontraba en su domicilio redactando una página de su novela –era escritor, desde luego- cuando, de pronto, la Vida se coló en su salón y lo asaltó sin previo aviso: se dio cuenta en aquel momento de que estaba engendrando algo tan peligroso como la posteridad.
El Momento lo empujó con amenazas a una encrucijada y llegó a la conclusión forzosa de que, publicadas ya dos obras -y otras tantas por nacer-, su deseo de morir algún día había quedado extinto y, expuesto irremediablemente a la Verdad de la propia naturaleza, la Circunstancia le había robado la mortalidad: él desatendería a las letras y ellas lo recordarían a él.
Fue ineludible: hubo que indemnizar al Olvido y nos hundimos en la miseria.