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11 marzo 2013

Derramando lunas...

Derrites la luna con tu mirada ambarina y me doy cuenta de que los minutos agonizan si tú los tocas: en estos instantes de eternidad breve en que los dos somos uno y te entregas, dentro de mí, por debajo de la piel, haciéndome tinta la sangre cuando te me ocurres.
No querría estar en otro sitio ni con nadie más: sólo nosotros dos, mojados. Tú, frío entre hielos y cristal; yo, incendiada en cuanto te rozo con los labios… Hasta que empieces a marcharte y te hagas de sal; Me arrojarás de vuelta a mi realidad en blanco y negro como si no nos hubiésemos conocido, el mundo girando bajo mis pies, y me abandonarás -lo sé- sin guardarme pena.
Pero no importa cuántas veces te vayas ni la intimidad que me reserve la tristeza de tus silencios, porque cuando de nuevo se derrame la luna, volveré a buscarte con un vaso vacío.

01 marzo 2013

Hurto

Me di cuenta quizá demasiado tarde de que la había perdido, o me habían robado aprovechando tal vez el desconcierto de aquellos días de tumultos callejeros y minutos disfrazados de motoristas sin que yo notase nada.
No me quedó más remedio que acercarme a la comisaría de Leganitos, DNI en mano, a presentar una denuncia por esta pérdida de lo insustituible:
Suelo llevarla en el bolsillo, ¿sabe usted?, para poder rozarla con la yema de los dedos a cada instante y precisamente no dudar de su presencia. Pensé que así nunca se caería ni la perdería, porque pongo mucho cuidado en mantenerla a salvo, conmigo, y por eso creo que podrían habérmela robado.
Hurto: si no hay violencia se trata de hurto, me corrigió él.
De acuerdo: hurto, ¿qué más da? Lo importante es que ya no está, ¡tienen que encontrarla! Quiero venganza para quien me haya robado… hurtado…, ¡no tenían ningún derecho! Ya no entiendo por qué tendría que seguir viviendo sin ella…
Mire, estas cosas de lujo no son de fácil acceso. Lo más probable es que la haya perdido sin darse cuenta y puede que alguien la haya encontrado y, no le digo que no, se haya alegrado de su fortuna. Podría haber sido víctima de una banda organizada de sofistas, pero insisto: la estadística indica que en la mayoría de los casos no se trata más que de descuido: ¿se ha mirado bien los bolsillos?
Metí de nuevo la mano despacio en el vacío, temblando de miedo por que el policía tuviese razón y de encontrarme, allí donde había estado ella, su ausencia: derretida, inc ncl sa.
Y resultó estar en lo cierto: se me escurrieron entre los dedos los restos hechos arenilla –robada o perdida- de mi ilusión.