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28 diciembre 2013

El tiempo desde mi ventana

, dice Fátima para morder distancias con el tijeretazo de un whatsapp, y nos enseña un instante, ya muerto como todos, embalsamado para siempre entre los dientes de un teclado digital.
Bea ;-) y se sorprende de la tormenta: Quién nos iba a decir que aquella niña tímida y buena que eras iba a acabar de aventurera viajera!!
Cristina ausente, claro, siempre trabajando para poder trabajar más cuando termine. No nos habíamos imaginado que guardaba océanos tras las pupilas y al caer la noche haría, con el tiempo, acero invisible de ellas sobre el que apoyarse. Tal vez no habíamos pensado que su habitual mutismo en nuestras charlas atendía a la heroicidad de vivir, y me pregunto si estará sobreviviendo ahora -con las bragas sobre el pantalón y un delantal por capa, tal vez-.
Qué tal el trabajo, Bea??
Jodido. No se mueve nada y ya se me acaba el contrato :-[]
Beatriz podría haber fundado una consultora de prestigio y haberse convertido en corona del mundo si la atlante que lo sostiene no fuera nuestra Crys ni Fat su exploradora… Tanta carrera y tanto máster… pa qué?? Siempre lo mismo!!

Y me acuerdo, con una sonrisa inevitable, de nuestros siempre de entonces, cuando todavía creíamos que avanzábamos sobre la línea del tiempo y estaba en obras esta rotonda en la que se encontraron nuestras vidas, antes de darnos cuenta de que seguimos girando alrededor de la misma glorieta.
Quisimos ser ingenieros del camino hacia lo eterno, pavimentando nuestro puente con chupitos de El Paso, con momentos elegidos entre libros de latín y derivadas, y reírnos de los golpes en la frente contra columpios imprevistos en Polvoranca; Buscamos nuestra ruta entre cócteles en el Skándalo, pijamadas clandestinas como homenaje a la ley seca… ¡qué ironía!
Fueron muchas vidas tras las muertes, entonces, cuando todo era un interrogante por desvelar como las cajas misteriosas del Un, dos, tres; Imaginamos quiénes seríamos hoy –qué trabajo mantendríamos, a cuántos hijos explicaríamos cómo rebobinar el tiempo de un cassette con un bolígrafo, quién nos querría, dónde colgaríamos los cuadros de nuestro hogar- y hemos navegado más de treinta mares para llegar a las orillas de este nuevo mundo, el nuestro, donde aquel puente de ilusiones que pretendimos cimentar con Para siempres se deshizo bajo el peso de los De momento.
La inmortalidad murió cuando nacimos y ahora el horizonte continúa siendo un enigma que acoge nuestros recuerdos como el vapor de una nube cualquiera, porosa y errante. De momento sólo sé que hoy sigo soñando, rebobinando el tiempo con un bolígrafo por vosotras, que seréis eternamente mi presente porque ayer, entonces, fuimos mañana para siempre.