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23 junio 2014

Jueves

Hace tiempo que es de noche todo el día.
L. E. Aute

La oscuridad habla en susurros. Camina de puntillas por los rincones de la conciencia para no despertar las sospechas de la razón cuando espero
a que llegues hasta aquí: la misma calle de siempre, siempre un jueves distinto; los relojes mudos hasta que al fin le doy caza a tu perfume y
tus tacones se acercan, discutiendo entre la muchedumbre, y escucho cómo haces latir el tiempo sobre el asfalto.
Tal vez la penumbra juegue al escondite además con la memoria y nunca te detuviste a mirarme. Es probable que no arrojases una moneda a mis pies pero hoy, tus palabras abrazándose a las notas de otra voz que te acompaña y no es la mía, sé que querré sellarme también los oídos.

11 junio 2014

Recado a la casualidad

Sostuvo la pestaña desertora sobre la yema del dedo y sopló con todas sus fuerzas para evitar que se perdiera aquel recado a la casualidad, pidiendo que volviera su sonrisa a las siete de la tarde, que el calor del verano hiciese sudar su embozo sólo una vez más.
Sopló para secar la lluvia de aquella noche, respirar con un gesto el aire de la velocidad jugando a hacer equilibrios sobre dos ruedas, abrocharle con el aliento el casco a la cabeza y, tal vez, si la pestaña volase lejos, la curva del final de la calle sería la línea recta de un porvenir que no llega… Porque los besos mudos dejan mensajes en el contestador del destino aunque esté apagado o fuera de cobertura, ahora que el horizonte está lejos de ser el límite y los sueños se derriten con el sol de cada medianoche.

He venido a matarte o a morir a tus manos. L. A. de Cuenca.