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23 febrero 2015

Signos

Podría haber sido la noche donde todas las promesas duermen el sueño eterno cuando callaba. Era, sin duda, la caverna que ensombrecía las ideas y el abismo que veía despeñarse mis deseos inconfesables cuando la abría.
Había aprendido a guardar restos de letras a medio masticar entre los dientes, que a menudo recuperaba con un solo pase de lengua para tragarlas en un instante, sin piedad y sin agua. Esperé durante mucho tiempo a que liberase alguna al vacío, para devorarla a mi vez, aun sin esperanzas de ser capaz siquiera de cazarla al vuelo...
Últimamente callaba tanto y mordía tan fuerte que me sorprendí, a pesar de todo, cuando logré quitarle la chaqueta. Le hablé de secretos, susurré mis manos por su piel... pero descubrí que había cambiado la ropa interior por palabras, con la condena definitiva de arrastrar el silencio tatuado en la voz, y me echó de allí con la misma ternura que usaba para asesinar signos.

Y la vida no es sólo una interrogación
No es sólo ese guarismo de serpiente lasciva
que al morderse la cola una soga nos lega

C. E. de Ory