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03 noviembre 2015

Dragón

El escritor es sólo un gestor de nostalgias practicando un deporte de invierno, de escarcha en las ideas y sangre helada sobre un papel que sería mudo sin el calor de una mirada intrusa. La escritura es para derretir penas hechas bloque y gritarle al eco.
Tal vez por esto sea capaz de llorar muchas otras tintas pero me cueste tanto escribirte precisamente a ti, que eres siempre, sin falta, el vértigo de una lágrima despeñada cuando más me hace falta oírte decirme aquello de que el sentido común es el menos común de los sentidos. Es imposible que me abrigue el frío en la vida si al otro lado del abismo te tengo a ti, dispuesto a devorar melancolías, a ser arbotante de mis ruinas; a soplar calor donde fragua el olvido de los cuentos de hadas, guardando el sueño de la princesa con fuego.
Los dragones creen ver perfidia cuando se reflejan en un cristal cualquiera y a menudo se confiesan nihilistas, ignorantes de que sólo hay aliento donde ellos quisieran mostrar los dientes. Gracias a Dios que eres ateo y sabes partir el pan, servir el vino, sin esperar por ello la redención de las sombras.
Quizá deberías ser tú quien repartieses felicitaciones hoy, porque el tres de noviembre es el ocaso en el que amanecemos todos los que formamos parte de tu mundo. Y, de todos nosotros, si hay alguien a quien nunca le falta la luz, merecedora o no de ella, es a tu hija, gestora de nostalgias, orgullosa portadora de sangre de dragón noble. Aprendiz obstinada de llegarte a la altura de las escamas si el alma pudiera aprenderse.

Si el huracán del porvenir
arrasara las fronteras
(...)
Si volvieran los dragones...
Sabina