Derrites la luna con tu mirada ambarina y me doy cuenta de que los minutos agonizan si tú los tocas: en estos instantes de eternidad breve en que los dos somos uno y te entregas, dentro de mí, por debajo de la piel, haciéndome tinta la sangre cuando te me ocurres.
No querría estar en otro sitio ni con nadie más: sólo nosotros dos, mojados. Tú, frío entre hielos y cristal; yo, incendiada en cuanto te rozo con los labios… Hasta que empieces a marcharte y te hagas de sal; Me arrojarás de vuelta a mi realidad en blanco y negro como si no nos hubiésemos conocido, el mundo girando bajo mis pies, y me abandonarás -lo sé- sin guardarme pena.
Pero no importa cuántas veces te vayas ni la intimidad que me reserve la tristeza de tus silencios, porque cuando de nuevo se derrame la luna, volveré a buscarte con un vaso vacío.
....eres grande!. No puedo describir lo que he sentido y eso...es magnífico!!
ResponderEliminarImagino que lo mismo que yo bebiendo un buen vaso de whisky, ¿no?
ResponderEliminar¡Gracias, Nuria! Tú sí que eres grande.