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14 junio 2013

El éxito definitivo

Qué gran día aquél cuando, en un alarde de orgullo mal contenido, subió bien alta la barbilla y miró de soslayo a los demás asomado desde el palco de los llamados a ser especiales mientras recogía la medalla: su premio por tanto esfuerzo de manos ¡nada menos! que del gerente.
Recogió con pulso tartamudo la chapa con su nombre de pila, la prendió en la solapa de la camiseta, junto al logotipo corporativo, y se ajustó la gorra. Sí, no había duda de que al fin había alcanzado el éxito definitivo.

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