Trabajar en el sector Seguros no es tan aburrido como la
ingrata fama que se ha forjado tan noble ocupación da a entender. Yo, sin ir
más lejos, ofrecí mi vida en el ara del riesgo y ¡heme aquí!, más que realizado
y con un conocimiento profundo del género humano, aunque… bien es cierto, y
ante ustedes confieso, que tuve la suerte de ver nacer a una de las más grandes
compañías del país desde los cimientos, dando forma desde el comienzo a una
idea fundacional renovadora, que se haría con un nicho de mercado por completo
sin explotar hasta el momento… y hasta que la desgracia nos alcanzó; Nosotros
éramos Capfre: Corporación de Asamblea de Propietarios de Felicidad, Realidades
y Ensueños, S. A. Sí, asegurábamos sus esperanzas más valiosas frente a
imprevistos de diversa naturaleza.
¿Cómo? Sí, claro, todo. No, las quimeras no: son un riesgo
excluido de norma de contratación, creo, en todas las compañías –quizá el
Consorcio las cubra, no sé…-. Yo era técnico del ramo Felicidad y no sólo era
un trabajo muy gratificante, sino que además era una especialidad que estaba
experimentando, en aquellos momentos, una consolidación más que notable. El
Estado de bienestar, el crecimiento económico… ¡qué sé yo!, pero la gente
atesoraba Felicidad a espuertas e invertía con cuidado para salvaguardarla.
Teníamos al principio la póliza Familia, la póliza Estabilidad, la póliza
Perspectiva y Futuro y, después, diseñamos el condicionado de la
Autorrealización y la póliza Ego no tardó en llegar –había que adaptarse a las
necesidades del mercado-.
¡Por supuesto que era rentable! Es, en definitiva, un
negocio muy lucrativo; Tengan en cuenta que la redacción del condicionado
general es de particular relevancia y las exclusiones de cobertura se miran al
detalle… En pólizas todo riesgo, para que se hagan una idea, el hurto no estaba
cubierto, así que si el asegurado notificaba que otro hombre le había robado a
su esposa, por ejemplo… ¡zas!, el perito solía dictaminar hastío sostenido y,
por tanto, hurto doloso del amante, ¡y caso resuelto! En fin… tecnicismos
complicados éstos con los que no voy a aburrirlos, ya que están siendo tan
amables de escucharme.
La cuestión es que todo nos iba estupendamente, pero aquel
jueves negro… aquel jueves todo cambió. El departamento de Realidades recibió
notificación de siniestro de un asegurado: por lo visto, el señor había
contratado una póliza de Responsabilidad Viril y declaraba haber sido víctima,
no de hurto, sino de robo con violencia manifiesta con daños a terceros; había
presentado atestado policial, incluso. El documento detallaba que la noche de
autos el asegurado se encontraba en su domicilio redactando una página de su
novela –era escritor, desde luego- cuando, de pronto, la Vida se coló en su
salón y lo asaltó sin previo aviso: se dio cuenta en aquel momento de que
estaba engendrando algo tan peligroso como la posteridad.
El Momento lo empujó con amenazas a una encrucijada y llegó
a la conclusión forzosa de que, publicadas ya dos obras -y otras tantas por
nacer-, su deseo de morir algún día había quedado extinto y, expuesto
irremediablemente a la Verdad de la propia naturaleza, la Circunstancia le había robado
la mortalidad: él desatendería a las letras y ellas lo recordarían a él.

Tremendamente imaginativo!!
ResponderEliminarNi que conocieses el mundo del seguro.
Un abrazo!!
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