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31 marzo 2014

Puzle

Descenderemos al remolino, mudos.
C. Pavese

Un buen día se me secaron las torrenteras de tinta que, en otros tiempos más amables, había alimentado de lágrimas y en ocasiones habían amenazado con hundirme: simplemente dejé de escribir. Tenía muchas cosas que contar, todas las historias de la Historia moridiéndome las comisuras de las ideas, pero ninguna de ellas terminaba de decidirse a tomar cuerpo, a dejar de emboscarse en la indeterminación de un pensamiento peregrino; de visita por mis intenciones y con prisa por marcharse a mejor paradero, todas llegaban sin avisar y huían sin despedirse.
Fue por su abandono por lo que elegí, mejor, secarle la saliva del olvido a aquellas palabras que otras manos habían arrojado sobre un papel sólo para poder condenarlas, en un instante asesino, a ser náufragos solitarios en distintos continentes de celulosa. Se añoraban entre sí de tal forma que a veces las oía sollozar de madrugada, hasta que la sensatez me obligó a reconstruir el puzle de las ideas rotas: me bebí la tinta de quien dijo que los ojos delatan la complicidad que falta en el centro de la ausencia... y las palabras volvieron a ser el mundo.

4 comentarios:

  1. Quizás esos papeles deberían haber sido quemados, no rotos.
    Así no hubiera que secar la saliva al olvido.
    Excelente!
    Besos, escritora!

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    1. Excelente ahora que he terminado otro puzle...
      Las palabras no saben arder si no es en la hoguera de algún lector, y hay papeles que deben quemarse a diario... sólo así.

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  2. Las palabras...tan usadas, vetadas, violadas y olvidadas....las palabras, tan intensas, adoradas, escupidas y vividas...las palabras amantes infieles de ideas huidizas, de musas agonizantes...

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    1. Las palabras construyeron imperios y destruyeron vidas.
      Amantes infieles... ¡siempre!

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