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08 enero 2014

Esta noche


Te esperé también esta noche, enamorada todavía, mojando mi insomnio con sal; Una vez más quise creer que ésta sería la noche, ésta y no otra, en la que seguirías el rastro de hogueras que encendí pensándote y me querrías como yo te deseo, ciegamente, acurrucándote de un momento a otro a mi lado, abrazándome entre tus sombras para beberte las demás madrugadas ya vencidas que compartí con tu ausencia.
Te espero con los ojos abiertos y la razón dormida, convenciéndome de que es esta noche, ésta y no otra, cuando te apiadas de mi vacío, te asomas a mi abismo y entiendes que estoy rota y no soy nada, que respirar no significa ser, y por fin decides elegirme a mí. A mí, que te necesito tanto, para recompensar mis vigilias con tu frío. Ven esta noche y quiéreme; te perdonaré, lo juro, las heridas abiertas y tu indiferencia; olvidaré todas las camas que te abrigaron mientras yo te añoraba, derrotada.
Te esperaré, amor, incendiada de Nada hasta que me cerque la enfermedad o la locura y llegues de verdad para quedarte, merecedora yo por fin de tu guadaña, para salvarme de la vida.

4 comentarios:

  1. Una guadaña para salvar la vida. Gran texto, escritora!
    Besos!

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  2. Una palabra puede cambiarlo todo, ¿verdad? Las pequeñas, las preposiciones... ¡y las prohibidas!
    Tabú por las amables que me dedicas.
    ¡Besos, poeta!

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  3. Nunca defraudas! Excelente.
    Besos mecedora de guadañas....

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    1. Tú sí que no defraudas, siempre al pie del cañón: ¡gracias por eso!
      Muchos besos.

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